lunes, 29 de diciembre de 2014

Quiero que la gente parezca flores

Sería estupendo cambiar las sonrisas falsas, las miradas de envidia, las caras de asco, las actitudes despreciativas, el odio soterrado bajo capas de amargura y desdén, cambiar todo eso por alegres florecillas.

Me entran ganas de convertir a la humanidad en un campo de flores, bellas e inocentes. Propongo un suicidio colectivo, o si no me encargo yo, y tal vez  amigos de confianza, del homicidio. Y nos reencarnaríamos en flores, imagen de la naturaleza que destrozamos día a día. El problema es que ni siquiera bajo figura tan dulce nos contendríamos, nos reduciríamos a una apariencia.

Habría peleas por ser la flor más bonita, todos querrían ser las flores más populares. Casi nadie querría ser un cardo borriquero. Habría mucha demanda de algunas y otras quedarían casi olvidadas.
Así, los que no lograsen ser su flor deseada se alzarían, indignados, y habría una guerra civil de las flores.

Los insectos aprovecharían la confusión y esclavizarían a las flores, para sacar más polen del negocio y beneficiarse suciamente. Y las flores seguirían muriendo.

Quizás propusiese otro homicidio, digo floricidio colectivo, y nos reencarnaríamos en caracoles. A lo mejor así seríamos felices con nuestras conchas y siendo hermafroditas. O sería todo una confusión. No sé.

Lo que sí tengo claro, es que somos extrañas y perversas criaturas, y no nos bastaría con destruirnos y destruir el mundo una vez, sino que necesitaríamos que pereciese varias veces, a cada cual más absurda. C'est la vie.